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Las previsiones anunciaban lluvia en toda la costa entre las 12 y las 18 horas, con probabilidad de precipitaciones del 85% para esa franja horaria, y el acierto ha sido del 100%. La tarde de la víspera ha supuesto un anuncio de lo que podía pasar al día siguiente, hemos estado pendientes de la información meteorológica como nunca antes y hemos confiado en las buenas condiciones reinantes en la madrugada del sábado, pero en esta ocasión la fuerza de voluntad no ha podido con la borrasca situada en el mediterráneo.
El día ha empezado bien, el cielo era propicio y los dieciocho participantes en esta Brevet de 300 km. que nos hemos atrevido a desafiar a AEMET hemos tardado sólo cinco horas en cubrir la mitad del recorrido y hemos llegado a Cartagena con el cuentakilómetros marcando una media de 30 km./h. Ha sido esta parada la que ha determinado el cambio en las condiciones reinantes; si en el momento de la parada las nubes presagiaban agua, cuando hemos terminado de almorzar estaba lloviendo débilmente y así hemos llegado hasta Portmán, donde hemos puesto el tercer sello a nuestra hoja de ruta. Desde Portmán y hasta San Javier, el dios del trueno ha sido implacable con nosotros, el aguacero fuerte y persistente hacía que la visibilidad fuese prácticamente nula, los baches de la carretera no se veían inundados como estaban por el agua, la ropa empapada, las zapatillas convertidas en balsas de agua, los cascos vertían cataratas de agua sobre los ojos, las manos ateridas de frio eran incapaces de presionar el bidón para poder beber agua…, esas espeluznantes condiciones que elogiamos en los profesionales cuando estamos cómodamente instalados en el sillón de nuestra casa y que forman parte de la épica del ciclismo.
Después de dos horas, nuestra huida hacia adelante ha empezado a tener premio camino del Pinar de Campoverde. En San Miguel de Salinas hemos puesto el último sello, la carretera por fin seca, las manos vuelven a tener sensibilidad, el ánimo otra vez arriba. Ahora que no llueve vemos sobre nosotros y sobre las bicicletas el resultado de la tormenta: el barro nos cubre por completo, las bicicletas son todas de color marrón, los cambios no funcionan bien, los pedales no liberan las zapatillas…, pero la Brevet ha terminado y las dificultades sufridas sólo hacen que contribuir a nuestro compromiso de seguir realizándolas. En palabras de nuestro compañero valenciano Vicente Biosca, lo mejor el excelente ambiente del grupo, del que no voy a destacar a nadie porque son todos geniales.
Con estos compañeros de viaje es fácil llegar al fin del mundo… y volver. Hasta la próxima amigos.
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